FALSOS MITOS

DE LA PROTECCIÓN SOLAR

A todos nos gusta disfrutar del sol, y de forma saludable en lo posible. Para ello, es importante que entendamos cómo funciona el factor de protección solar, que aprendamos a usarlo como es debido y que prescindamos de una vez por todas de los falsos mitos que lo rodean. Repasemos algunos de los más populares.

 

“Si el día está nublado no necesito ponerme protección solar”

Eso no es así. Por muy nublado que esté el día, siempre se filtra entre las nubes una cantidad considerable de radiación UV, por lo que siempre conviene usar la misma protección que te ponés en los días más despejados.

 

“Si utilizo un protector solar con un factor de protección muy alto, no voy a ponerme bronceada/o”

Otro concepto erróneo. Ninguna crema solar, por potente que sea, crea una pantalla impenetrable sobre nuestra piel, y ninguna consigue filtrar el 100% de los rayos UV. Lo importante es ser conscientes de nuestro tono de piel y aplicar el factor de protección adecuado, que nos permitirá ir tomando color de forma gradual y, por ende, más segura. En caso de duda, consultá siempre con tu médico dermatólogo.

 

“Al principio del verano uso una crema con factor de protección alto, y después se puede ir bajando”

Tampoco es un buen consejo. Lo recomendable es ino bajar de un FPS  (factor de protección solar) de 30 durante todo el verano, ya que por debajo de eso, aunque tu piel ya esté algo bronceada, seguirías exponiéndola a posibles quemaduras. Muchos dermatólogos recomiendan que las personas con pieles más sensibles sigan usando protección UV durante todo el año.

 

“Si estoy a la sombra no hace falta que use protector solar”

No del todo falso. Si por sombra entendemos estar en una terraza bajo un toldo o sombrilla, bajo un árbol frondoso en el campo o la montaña, o en cualquier otro lugar en el que no pase la luz natural, entonces es posible que puedas prescindir del protector. Pero es difícil tener la seguridad al 100% de que las condiciones serán las adecuadas, lo mejor es usar siempre el protector solar a modo de prevención.

 

“Sólo debo usar protector cuando voy a tomar el sol”

Error muy común y mayoritario. El sol trabaja todo el día y no hace distinción entre los que están de relax en la playa y los que trabajan al aire libre o vuelven a casa de la oficina. Es muy importante aplicarse el protector solar a diario sobre las zonas que pueden quedar expuestas en algún momento del día.

 

“Si mi maquillaje ya tiene factor FPS, no necesito usar protector solar”

No es lo mismo que te apliques un producto especialmente diseñado para proteger tu piel de los rayos UV, que la usuamente dudosa protección solar que pueda ofrecerte tu base de maquillaje o tus polvos bronceadores.

 

“Tengo que aplicarme el protector media hora antes de tomar sol”

Hay un mito muy extendido, el cual sostiene que el protector solar tarda unos 30 minutos en surtir efecto. Sin embargo, los protectores solares trabajan desde el momento preciso de su aplicación, si bien pueden tardar unos diez minutos en estabilizar su efecto.

 

“Necesito ponerme una protección solar especial para el pelo”

Aunque hay productos específicos que pueden ayudar a evitar que las tinturas se oxiden con el efecto del sol, por ejemplo, los expertos aconsejan usar un buen sombrero, que es lo más efectivo (además de ser un complemento que queda genial para tu look playero).

 

“Con un protector solar resistente al agua, no hace falta reaplicarlo después de bañarme”

Error. Si estás en el mar o el río o la piscina mucho tiempo, o si al salir del agua te secás frotándote con una toalla, es muy probable que pierdas gran parte del protector solar, por lo que conviene siempre reaplicar el producto en cuanto tu piel vuelva a estar seca.

 

“Estar bronceado es sano”

Este es un concepto heredado con la llegada de la piel bronceada como estereotipo de la belleza occidental, y ya es hora de que entendamos que la piel bronceada no es sinónimo de buena salud. El bronceado es, sencillamente, un mecanismo de defensa de nuestra piel ante la radiación ultravioleta. Por ende, no deja de ser una respuesta al daño celular, y no un signo de salud.

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