CONSEJOS PARA UNA

BUENA RELACIÓN FAMILIAR

La mayoría de los padres realmente no quieren nada más para sus hijos y su familia que la verdadera felicidad. Pero para poder encontrar una felicidad duradera, hay que ver el panorama general. No se trata de ceder ante una necesidad inmediata o tratar de pacificar a alguien, sino de encontrar formas saludables y significativas de conectarse y cuidarse de manera continua. Te proponemos algunos hábitos para practicar y tener en cuenta cada día.

1. Hagan que nunca falte el afecto. Amar no es conceder todos los caprichos y comprar el cariño con regalos. Amar es abrazar, besar, respetar. Diferentes estudios demuestran que durante los primeros años, el contacto físico es tan importante o más que la alimentación.

2. Compartan experiencias. Los momentos que pasamos en familia fortalecen los vínculos, mejoran la comunicación y el conocimiento entre padres e hijos, aumentan la confianza y dan la oportunidad a los padres de redescubrir el mundo a través de los ojos de sus hijos. Pero más importante que la cantidad de tiempo compartido es la calidad del mismo.

3. Mantengan viva la comunicación. Hay que diferenciar hablar a los hijos de hablar con los hijos. Tan importante es lo que se dice como la forma en que se dice, al igual prestar atención y escuchar con empatía, respetar la opinión de los demás y no interrumpir, evitar interrogatorios y mensajes contradictorios.

4. Sean flexibles y adaptables. Los padres deben facilitar que sus hijos puedan conocerse a sí mismos. Por eso es preciso no etiquetar y no imponer las propias expectativas que pueden convertirse en profecías tóxicas que determinen y limiten a los hijos.

5. Nosotros mismos somos los ejemplos. Las conductas y los padres influyen en lo que los hijos aprenden, y si los mayores muestran en su trato diario respeto, amabilidad, tolerancia, agradecimiento, generosidad… será más que probable que los hijos actúen de forma similar.

6. Establezcan normas y límites definidos. Hay que ser justos pero firmes, estableciendo normas y límites coherentes con la edad, las necesidades y los derechos del niño. Todos los chicos las necesitan porque proporcionan una estructura que les aporta seguridad, fomentan la cooperación y la madurez a largo plazo, así que no se ponen por capricho o para demostrar quién es el jefe.

7. Eduquen las emociones. Los primeros maestros de emociones del niño son sus padres, aunque según el profesor emérito de psicología John Gottman, autor del libro “Criar a un Niño Emocionalmente Inteligente”, los sentimientos que subyacen a una mala conducta no siempre se tienen en cuenta.

8. Sean claros y constantes. El Colegio Real de Psiquiatras del Reino Unido, entre otros, aconseja ser coherentes día tras día para no producir problemas de disciplina. Si las normas varían y son impredecibles, o si se tienen en cuenta solo de forma intermitente, en realidad no hay normas.

9. Eviten la disciplina abusiva. El castigo físico es la peor forma de castigo porque crea más problemas de los que resuelve. Se ha documentado en numerosos estudios que el principal efecto secundario que produce es la agresividad.

10. Que nunca falte el respeto. Respetar a los hijos supone exigirles lo que son capaces de hacer, ni más ni menos, para que desarrollen sus recursos y se sientan capaces de afrontar la vida.

TIP DIA: Definir la autenticidad: La psicoterapeuta danesa Iben D. Sandahl y la columnista estadounidense Jessica J. Alexander, autoras del libro “Cómo criar niños felices. El método danés para desarrollar la autoestima y el talento de nuestros hijos” (Planeta) resaltan entre otros temas la importancia de que los niños reconozcan y acepten sus sentimientos. Además, aconsejan evitar las comparaciones con otros chicos, enfocarse en el esfuerzo y no automatizar los halagos: «Ayudar a los niños a sentir que pueden volverse expertos en algo en vez de hacerles sentir que ya lo son crea bases más sólidas», aseguran en un artículo publicado por el diario Clarín.