6 PASOS PARA

SUPERAR LA INDECISIÓN

Cuando hay mucho en juego, tomar una decisión puede parecer una misión imposible, y una vacilación interminable entre distintas opciones te hará sentir en un laberinto sin salida. Si bien de vez en cuando todos tenemos problemas para decidir qué camino tomar, hay maneras efectivas para lidiar con la indecisión: aquí te traemos algunas para que pongas en práctica.

 

PASO 1: IDENTIFICÁ TUS TEMORES. La mayoría de las veces, somos indecisos porque tenemos miedo. Preguntate: “¿Qué es lo peor que podría pasar?”; luego “Si eso sucede, ¿entonces qué? ¿Y luego qué?»… El objetivo es reducir el miedo. Si sucediera lo que temés, ¿sería realmente tan terrible como lo has imaginado? ¿Y cómo lo abordarías? ¿Qué harías para hacerle frente? A menudo, simplemente identificando el miedo, y descubriendo una forma concreta de lidiar con él en caso de que se haga realidad, podés eliminar su poder para controlar tu toma de decisiones.

 

PASO 2: OLVIDATE DEL “DEBERÍA”. Nada lleva a la indecisión más rápido que dejar que sus acciones se guíen por el deseo de impresionar o satisfacer a los demás, es decir por las cosas que vos creés que debés hacer. Inevitablemente, la parte tuya que solo quiere hacer lo que te gusta, se rebelará. Cuando dejás de preocuparte por lo que pensarán los demás, la mejor decisión a menudo se vuelve muy clara.

 

PASO 3: SI UNA DECISIÓN PUEDE ESPERAR, DEJÁ QUE ESPERE. Si bien a veces todo te hace sentir que tenés que decidir en este preciso momento, es muy probable que no sea así. A veces, consultar con la almohada la decisión te permite controlar los hechos. Si tenés una buena idea hoy, podés tener una mejor idea mañana. En suma, si no es una cuestión de vida o muerte y no necesitás decidir en el momento, no lo hagas.

 

PASO 4: NO APUNTES A LA CERTEZA. A menudo dudamos y parecemos esperar eternamente porque no tenemos certeza. El punto es que no necesitás certeza, sino progreso. Si constantemente estás diciéndote «No lo sé con seguridad», no lo sabrás con seguridad hasta después de que se produzca el resultado. Pedir constantemente certezas puede hacer que te sientas mejor por unos minutos, pero luego volverás a preguntarte si podés obtener más información… No hay límites para la información que podrías exigir. Pero también necesitás saber que más información no equivale necesariamente a mejor información. Las decisiones importantes a menudo implican dudas: aceptá las tuyas y actuá de todos modos.

 

PASO 5: ENCARÁ LAS DECISIONES COMO EXPERIMENTOS. ¿Qué pasará si intentás esto o aquello? ¿Se acabará el mundo, te arrepentirás eternamente? A veces las decisiones pueden ser experimentos. Es como probar una nueva comida, ver una nueva película, leer un nuevo libro. Digamos que estás tratando de decidir conocer a alguien en una fiesta. ¿Cuál sería el peor resultado? ¿Y el mejor? ¿Y el más probable? Algunos experimentos tienen un costo mayor, como separarse o cambiar de trabajo. Pero incluso entonces podés aprender algo nuevo: cómo hacer frente a una nueva realidad, cómo crecer. Cuantos más experimentos realices, más aprenderás.

 

PASO 6: EVITÁ LA PARÁLISIS DEL ANÁLISIS. La indecisión es a veces el resultado de pensar demasiado. Llega un momento en que no importa cuánto pienses al respecto, la decisión no se va a volver más fácil. En lugar de intentar reflexionar sobre todo por enésima vez, dejá que los números decidan. Hacé una lista de las ventajas y desventajas de todas tus opciones. Esta estrategia suena simple, pero el acto de anotar cada faceta de la situación, buena y mala, es sorprendentemente esclarecedor y te ayudará a encontrar la respuesta que necesitás.

TIP DIA: ¿POR QUÉ LAS DUDAS PARALIZAN? “La indecisión es la dificultad o incapacidad para elegir entre dos o más alternativas que generalmente tienen relevancia para una persona. En la toma voluntaria de decisiones intervienen tanto factores psicológicos como físicos”, explica a Clarín Norberto Abdala, doctor en medicina, psiquiatra y docente. Entre los primeros figuran el perfeccionismo, las autoexigencias desmedidas, el temor al cambio y al riesgo, la necesidad de agradar, el miedo a equivocarse; entre las causas físicas, nuevas investigaciones sostienen que la escasez de hormonas como la testosterona (presente en hombres y mujeres), la oxitocina (vinculada al trato con los demás) y el cortisol (relacionada al enfrentamiento del peligro) provocará temores y falta de confianza. “Tomar decisiones implica superar dudas e inseguridades. La cuestión entra en el terreno de la anormalidad –que merece ser atendida como corresponde– cuando es continua, prolongada, indefinida o interminable”, amplía Abdala. “Sentirse indeciso algunas veces no tiene nada de malo, lo problemático es que la indecisión se instale como eje de la conducta personal y que se pierda más por la misma indeterminación que por los riesgos que quisieron evitarse”.